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La conciliación…esa quimera

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Los presupuestos ‘tradicionales’ sobre la conciliación de la vida laboral y la personal están obsoletos. Frente al equilibrio entre ambas facetas hay quien habla de la necesidad de integración, ante la evidencia de que la disponibilidad de 24 horas y la injerencia de las compañías en la esfera privada va en aumento. Atender a estas demandas es una decisión personal que debemos gestionar.

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Estás dispuesto a responder un correo electrónico de tu jefe a las doce de la noche, cuando ves cómodamente la tele?

¿Contestarías una llamada de tu empresa durante el fin de semana, mientras disfrutas de un día libre?

Si decides hacerlo, es que aceptas una disponibilidad casi permanente que puede situarte en el grupo de los elegidos y te posiciona para ascensos y progresiones en tu carrera profesional.

También puedes negarte. Estás en tu derecho de preservar un espacio privado y marcar líneas rojas que tu jefe o tu compañía nunca podrán traspasar… Bien por ti… Pero quizá después de un segundo correo o una segunda llamada no contestados, otro colega o compañero ponga su disponibilidad permanente por delante de tu celo conciliador. Y será aquél quien progrese.

Las nuevas exigencias de tiempo y dedicación requieren una gestión ajena a la conciliación tradicional

Parece claro que el nuevo escenario laboral, que implica exigencias de tiempo y dedicación nunca vistas, requiere asimismo de una gestión específica por tu parte que nada tiene que ver con los presupuestos tradicionales de conciliación que son habituales en muchas empresas.

Paco Muro, presidente de Otto Walter en España, considera que “ya no basta con ideas de conciliación dentro del sistema actual. Éste se debe alterar para alcanzar uno nuevo en el que todo quede integrado. La limitación más grande no estará en la tecnología o en la profesionalidad de la mayoría, sino en la resistencia a abandonar viejos hábitos y modelos de unos pocos”. Añade que “quien sólo quiera resultados sin preocuparse por las necesidades que la vida personal va requiriendo, se quedará con los peores. Quien quiera trabajar con plena conciliación sin preocuparse por su aportación de valor y haciendo que el equipo se tenga que adaptar a su falta de implicación, quedará fuera de las mejores empresas”.

Montse Ventosa, presidenta de Truthmark, coincide en que “en gran parte de las compañías de nuestro país se han puesto en marcha en los últimos años políticas de conciliación de vida familiar y profesional -una moda que ha desembocado en una proliferación de programas y de prácticas de café para todos-, que siguen en muchos casos sin satisfacer las necesidades de una sociedad con nuevos modelos familiares, con tecnologías que revolucionan la forma de trabajar y con un futuro incierto que hace imposible predicciones certeras. Y a las que la conciliación no da respuesta, porque es más de lo mismo… La integración es una decisión vital sobre lo que de verdad importa, y como tal no puede estar en manos de la empresa, sino de cada persona”.

Ventosa añade que “en la integración es necesario crear espacios de conversación y diálogo que puedan generar la confianza necesaria para que las personas trabajen donde y cuando convenga para obtener mejores resultados. Conciliar no depende sólo de la capacidad de la empresa para facilitar el equilibrio de las distintas facetas de la vida. Cada persona tiene la responsabilidad no sólo de expresar sus necesidades, sino de ser capaz de buscar alternativas para lograr el equilibrio y organizar efectivamente el tiempo para ser más efectivo fuera y dentro de la oficina”.

Jorge Cagigas, socio de Epicteles, recuerda que hay personas secuenciales -realizan una tarea, la terminan y comienzan otra- y sincrónicas, que pueden pasar de estar trabajando media hora a dedicarse a actividades personales. Explica que “los trabajos modernos son muy sincrónicos. Hemos sido educados en lo secuencial, y ahora hay que pasar de una actividad a otra con el menor quebranto posible”. El experto hace notar que los paradigmas de la conciliación están basados en los modelos secuenciales “y hay que aceptar que éstos desaparecen. Debemos pasar de actividades de trabajo a actividades individuales de una forma natural”. Para Ventosa, “la ya obsoleta conciliación se ha materializado en la mayoría de los casos en programas estilo café para todos, cuando en realidad tiene significados distintos para personas distintas; y las personas se merecen diferentes tipos de conciliación en diversos momentos de su vida. Personalizar las políticas disponibles de acuerdo con esas necesidades multiplica el impacto de la estrategia. Lamentablemente, concebir la integración de la forma tradicional lleva a activar programas de conciliación que suponen discusiones interminables sobre el tiempo de vacaciones, los horarios de entrada, o las condiciones de teletrabajo”.

Muro se extraña de la simplificación que supone dividir el día en ocho horas para trabajar, ocho para vivir y ocho para dormir: “Ahí empieza el primer error conceptual limitante. Si las ocho horas de trabajar no son ‘vivir’, ¿qué son entonces? Hoy el trabajo se hace donde toca, ya sea donde el cliente necesite, en una de las sedes de la empresa, en casa… Por eso hace falta una integración, una fórmula adecuada, que sume y permita combinar este nuevo mundo con una correcta calidad de vida”.

Montse Ventosa se refiere a los happyshifter, que “son aquellos profesionales que tienen una carrera, son emprendedores, y en ocasiones no trabajan menos, sino más, sin que ello tenga un aspecto negativo, sin ser adictos al trabajo (workaholics). Aman su profesión, y por eso los happyshifter suelen dibujar una línea mucho más fina entre su vida personal y profesional. Al fin y al cabo, tenemos que trabajar y pasar un tercio de nuestros días en el trabajo. Parece una postura más equilibrada y sana: ser feliz trabajando”.

La presidenta de Truthmark cree que “es necesario cambiar el chip y dejar de pensar que conciliar significa trabajar menos horas cada día. Tampoco es cierto lo contrario: que tiene más talento quien más horas pasa en su lugar de trabajo, o el que llega el primero y se va el último. El presentismo -y su otra cara, el absentismo- pasan de moda. No sólo porque ya no se lleva ir de agobiado, sino porque se impone hacer bien el trabajo, ser profesional y conseguir mejores resultados, haciendo cosas diferentes para conseguir los objetivos. Cuando una persona está completamente comprometida con su trabajo, la línea entre las distintas facetas de su vida es mucho más fina”.

Por su parte Paco Muro propone cuatro claves para que la integración sea una realidad equilibrada que ofrezca la perfecta armonía entre buena calidad de vida y buen rendimiento: la primera es la responsabilidad personal: tener el trabajo al día y bien hecho, manteniendo una correcta comunicación con el resto del equipo y con el cliente.

También considera necesaria una mejor dirección de personas por parte de los directivos, que les lleve a fijarse más en el rendimiento que en la presencia o en los números obtenidos como sea. Esto implica jefes que aporten valor al equipo, que ayuden a lograr los resultados y no meros lanzadores de objetivos y vigilantes.

La tercera clave es la creatividad para combinar tecnología, normas y tradiciones.

Se trata de permitir que la creatividad facilite a cada persona, empresa y puesto de trabajo la posibilidad de encontrar la manera coherente de cumplir los compromisos a plena satisfacción de todos, se esté donde se esté.

La disciplina es la cuarta clave. Muro asegura que la flexibilidad eficiente y sostenible no sólo no está reñida con la disciplina, sino que depende íntimamente de ésta, tanto en la normativa como en la propia autodisciplina personal:

“Sólo en un entorno que recompensa con libertad y respeto a quien cumple con calidad, y que excluye sin demora a quien abusa del sistema flexible en beneficio propio y para aprovecharse de la otra parte, hace que esto sea posible. En las empresas donde no pasa nada si se hace lo incorrecto, donde se consiente el comportamiento ruin, ya sea de jefes o de empleados, es donde pasa todo lo malo”.

Muro concluye que “los buenos profesionales, comportándose como tales, sabrán integrar su vida laboral y privada en un conjunto que dé calidad de vida y calidad de rendimiento, sin tantas horas fijas, ni lugares fijos, ni puestos con tareas fijas. Trabajando por proyectos, por acciones, por planes, por objetivos, de forma interconectada y donde la tecnología sirva para producir más y mejor, sin invadir tiempos ni espacios que no corresponden. Y donde los que quieran rendir más y aspirar a más puedan hacerlo con la misma libertad que los que prefieran rendir bien, sin más aspiraciones en un determinado momento vital, y así tener una vida más equilibrada con su realidad puntual”.

– Una realidad laboral muy diferente presenta fórmulas de trabajo inéditas en las que un porcentaje creciente de profesionales jamás pisará la sede de la compañía para la que desarrolla su actividad. Esto implica nuevos modelos de retribución, de valoración y compensación de la efectividad y el rendimiento de unos empleados que, en su mayoría, no acudirán a las sedes de las compañías. – Las relaciones laborales estarán más orientadas a la prestación de servicios que al contrato tradicional por horas. No se tendrá una ubicación física ni cargo dentro de la empresa, y el trabajador podrá trabajar con más de un cliente, una empresa o un proyecto a la vez. Lógicamente, no habrá dependencia de un solo jefe, de una sola organización o de un solo proyecto. – Desde el punto de vista de los mejores profesionales, no se atenderá tanto a las estructuras férreas de sueldo, de lugar de trabajo, o a la posición concreta en un organigrama. – Todo esto implica un rediseño del concepto de empleado. Dónde esté será una simple anécdota, y el profesional tendrá mayor autonomía. Trabajar ya no será una tarea uniforme y continuada, y habrá que tener en cuenta la actividad por proyectos y en tareas muy concretas. Además, se difuminarán las fronteras entre los que son empleados y los que no lo son -‘freelance’, consultores…- y desde fuera de la compañía resultará complicado distinguir quién lo es y quién no. El entorno laboral implicará horarios más flexibles, retribución por tareas y proyectos, y un tipo de profesional especializado que atenderá a su marca personal. – En este nuevo escenario, el compromiso con la organización será difícil de gestionar, porque la dedicación plena no va a ser posible muchas veces. El liderazgo será cada vez más importante para que los profesionales sientan un vínculo con la organización. Se trata de una nueva realidad que requiere otro liderazgo. – Todo esto implica asimismo un nuevo planteamiento en el reconocimiento de las personas por su trabajo. La presencia (el presentismo) no es el elemento clave, y pagar por los resultados será una constante. – La experiencia y el conocimiento, más la marca personal resultan clave. Ya se buscan personas que trabajen por proyectos, y la negociación salarial tenderá a hacerse cada vez más individualizada.

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– ¿Debes tolerar el control de tu empresa más allá de tu horario? La disponibilidad de 24 horas que facilita la tecnología provoca una disolución de la línea que separa nuestra intimidad de la faceta profesional. Determinadas organizaciones valoran más la presencia que la productividad y recompensan el presentismo, que se relaciona con la eficacia de forma muy equivocada. El miedo a perder el puesto puede provocarte cierta resignación o sumisión, y esa sería la gran baza para que tu empresa te obligue a dedicarle tu tiempo más allá de los límites que se suponen como normales. Sin embargo, debes tener en cuenta que, más que el hecho de que un jefe o una compañía puedan exigirte ese tipo de cosas, está el que tú decidas hacerlo como una elección de trabajo, no como una obligación. – ¿Cómo puedes conseguir un ascenso si ‘teletrabajas’? Diversos estudios concluyen que los profesionales que trabajan desde casa son un 13% más productivos que los que desempeñan sus tareas en la oficina, pero tienen la mitad de posibilidades de promocionar en su empresa. La solución para promocionar es paradójica:lo primero es decírselo a tu jefe, para que deseche la idea falsa de que quien teletrabaja está más interesado en la conciliación que en la promoción profesional. Planifica también encuentros puntuales con quien manda, para facilitarle la valoración acerca de tu contribución real por el trabajo a distancia. Y trata de encontrar el equilibrio perfecto entre teletrabajar y acudir periódicamente a la oficina. – ¿Tienes en cuenta que tu empresa puede mimarte para que trabajes más? Cuidado con ciertas facilidades innovadoras y aparentemente avanzadas… Pueden esconder un intento por gestionar tu tiempo, tu vida y tu carrera. Las ‘facilities’ de algunas organizaciones al servicio del trabajador no forman parte de lo esencial. No te dejes llevar por ciertas florituras.

Hay empresas que cuentan con servicios de atención al trabajador -gimnasio, guardería, gestión de citas médicas-, pero todo esto busca poner el foco en la actividad sin que haya interrupciones, para maximizar la eficiencia. Que los profesionales puedan dedicar más tiempo al trabajo. No cabe duda de que todas estas medidas tienen una cara amable y positiva, que hace más llevadera la vida laboral y evita las distracciones. Sin embargo, es una clara invitación a no desconectar, y corres el riesgo de que tu vida se convierta en una existencia monotemática, en la que el entorno laboral es el epicentro. Cualquier servicio o facilidad que te ofrezca una compañía debe ser optativa y siempre ha de haber alternativas. REFLEXIONA

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